Diciendo SÍ a la vida

Diciendo SÍ a la vida

7 mayo, 2017 / Crecimiento Personal

Nos pasamos la vida juzgando, quejándonos y queriendo controlarlo todo. Intentamos que las cosas sean como nosotros queremos y no como son en realidad.

Deseamos que el pasado sea diferente, que el futuro nos salve de nuestro presente y que los demás se adapten a nuestros moldes. Nos resistimos, una y otra vez, a lo que es. Y así, día tras día, nos vamos quedando en la visión emocional del mundo y perdiendo el contacto con nuestra esencia.

Queremos vivir en el “mundo que creemos que debería ser” en vez de vivir en el “mundo real”.

El cambio pasa por ser más flexibles y aceptar que la vida nos envíe lo que ella crea que necesitamos vivir en cada momento como si lo hubiéramos escogido nosotros mismos, o ¿acaso sabemos más que la vida?

Abrirnos a lo irracional, a la posibilidad de que hay un regalo escondido detrás de cada circunstancia, tal como nos decía Viktor E. Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”. Y a que todo lo que sucede, sucede por algo y para algo como si el universo entero estuviera conspirando para indicarnos nuestro camino, tal como nos contaba Paulo Coelho en su libro “El Alquimista”.

Debemos aprender a no resistirnos a lo que es, a permitir que el momento presente sea tal cuál es porque cuando las cosas van mal simplemente significa que hay una brecha entre lo que queremos que pase y lo que realmente pasa, en esta brecha es donde está el dolor.

Siempre que haya un proceso doloroso en nuestra vida tenemos que rendirnos y vivirlo como un aprendiz que acepta la situación y que se pregunta ¿para qué? con el fin de sacar el aprendizaje y estar bien; y no como una víctima que se queda en el ¿por qué?, clavándose el cuchillo del sufrimiento sin entender el regalo que la vida le está haciendo.

Cambia el ¿por qué? por el ¿para qué? y cambiará tu forma de vivir la vida porque…

No son las cosas que nos suceden las que nos hacen sufrir o nos crean problemas, sino lo que decimos o pensamos de ellas

-Epicteto de Frigia-

Tal como nos dice este filósofo griego, no podemos controlar las situaciones externas a nosotros pero sí cómo reaccionamos ante ellas. Esto fue una gran lección de vida que aprendí hace unos años con la enfermedad de mi padre.

Cuando cumplió 60 años enfermó de cáncer. Estuve ocho años conviviendo con esta enfermedad. Tengo que reconocer que en aquel momento la noticia fue un auténtico mazazo y durante un tiempo fui incapaz de aceptarla. Lo que recuerdo de esta etapa de no aceptación es mucho sufrimiento, sufrimiento cada vez que iba a una revisión, sufrimiento cada vez que recaía, sufrimiento con cada nueva operación, sufrimiento cada vez que lo veía…

Llegó un momento en que mi día a día giraba en torno a su enfermedad y al dolor que me producía y que magnificaba con mi sufrimiento. No quería permitir que la vida siguiera su curso, quería cambiarla, borrar de un plumazo todo ese proceso sin darme cuenta de que hubiera borrado una de las mayores lecciones que la vida me ha regalado. Comprender la enfermedad y la muerte para vivir la vida sin miedo.

La clave está en aceptar pero hacerlo no tiene nada que ver ni con la resignación ni con el conformismo, es simplemente reconocer lo que es. No significa que no haya que poner límites ni buscar soluciones, sino que se trata de permanecer en el presente sin querer modificarlo pero, por supuesto, buscando la forma de estar lo mejor posible.

En mi caso, cuando por fin acepté la enfermedad de mi padre, llegaron la tranquilidad y el aprendizaje. Busqué la forma de estar lo mejor posible, a pesar de las circunstancias, y acompañar a mi padre ayudándole a reconciliarse con su vida y a abrazar su muerte fue un regalo para ambos.

El poder sobre cómo nos sentimos lo tenemos sólo nosotros

Aceptar un situación dolorosa es fundamental para poder gestionar bien las emociones que nos produce. Tenemos que convertirnos en el observador silencioso de las mismas, aceptando que están ahí y dejándolas ser sin querer modificarlas. Sin resistencias y sin juicios. Así se empieza a vaciar la energía de la emoción, porque no tiene la retroalimentación que la resistencia le proporciona, y es sustituida por otra emoción más fácil de llevar.

Observa dejando que la vida te traiga lo que más necesitas. Y, desde la humildad, acéptalo así…sea lo que sea. No sabemos más que la vida. La humildad y la aceptación van cogidas de la mano. Sino, en caso contrario, aparecerá la ansiedad como consecuencia de querer controlar todo, controlar lo que sucede en nuestra vida y en la de los demás. Hay que soltar el control y dejar que la vida nos lleve por dónde tenemos que ir, y así la ansiedad desaparecerá de nuestra vida.

La aceptación trae tranquilidad porque nos conecta de nuevo con nuestra esencia. Por ello, tenemos que no resistirnos a lo que es porque lo que es, es precisamente lo que necesitamos en cada momento, aunque en ese momento no seamos capaces de verlo. Confía.

Chelo Pastoriza
Coach y Economista experta en desarrollo personal y de equipos

 

Para más información sobre la diferencia entre dolor y sufrimiento leer el artículo de nuestro blog:

“Dolor vs Sufrimiento”  

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