¿Por qué ya no tiene sentido seguir luchando y compitiendo para posicionarse a nivel personal y empresarial?

¿Por qué ya no tiene sentido seguir luchando y compitiendo para posicionarse a nivel personal y empresarial?

13 febrero, 2018 / Liderazgo

Desde pequeños hemos oído en numerosas ocasiones, “la vida es dura”, “en la vida hay que luchar”, “sin lucha no hay gloria” en definitiva, nos han enseñado que la vida se rige por la ley del más fuerte.

Para que un sistema económico se consolide tiene que tener una base de pensamiento científico. Muy conscientes de esto, la poderosa familia Rothschild sugirió a Darwin, a cambio de fama, que en el desarrollo de su “Teoría de La Evolución” marcara claramente el concepto de selección natural basada en la competencia por unos recursos considerados limitados. Con esto consiguieron generar en el inconsciente colectivo la idea de que los recursos eran escasos y que sería el más fuerte quién pudiera disponer de ellos y, por lo tanto, sobrevivir. Así fue como consiguieron una base científica para justificar una teoría socioeconómica basada en la lucha y la competencia que, a día de hoy, conocemos como capitalismo.

Lógicamente, la teoría de Lamarck que apostaba porque los organismos se adaptaban al entorno a través de un proceso cooperativo y una mutación dirigida (por ejemplo, las jirafas tenían el cuello largo porque lo necesitaban para alimentarse) quedó denostada como lo peor de lo peor en el mundo de la ciencia.

Sin embargo, si uno se para a observar, dejando al margen la creencia de que hay que competir, podemos ver que la naturaleza y, por lo tanto, nuestro propio cuerpo se rigen por un proceso cooperativo. Un claro ejemplo de esto es que gracias a los microorganismos que habitan en nuestro intestino podemos nutrirnos y estar saludables. La buena relación con nuestra flora intestinal es un factor fundamental en nuestra salud física y emocional.

Pero, curiosamente, también hemos declarado una guerra contra éstas y otras bacterias, generando una lucha contra lo que somos por una mala interpretación de cuál es el sentido de la vida. Afortunadamente, a día de hoy, cada vez somos más conscientes de que es precisamente la cooperación con todos estos microorganismos la mejor manera de estar sanos. El uso de alimentos y productos saludables para reforzar esta cooperación también va en claro aumento.

Hasta aquí correcto, pero ¿qué pasa con la naturaleza? ¿qué sucede con el león que se come a la gacela? Me pasé gran parte de mi infancia viendo documentales de animales, uno de los que más se repetía era el de las leonas cazando gacelas o los de los grandes depredadores marinos como las orcas, llamadas asesinas, y los tiburones. Podemos decir, que es posible que se hiciera especial hincapié en reforzarnos la creencia de “lucha” en la naturaleza.

Ahora bien, hagamos aquí también una parada para analizar, sin la creencia de la lucha y, por lo tanto, desde una observación más profunda, qué sucede cuando el león se come a la gacela:

Primero, para que un león coma, ya sabemos que los leones no cazan, varias leonas tienen que cooperar entre ellas para llevar a cabo la caza, por la imposibilidad de hacerlo solas. Cooperación intraespecífica.

Segundo, las leonas cazan a la gacela, por lo general, más debilitada. Un posible foco generador de enfermedad tanto para ella como para su manada. Las leonas colaboran con las gacelas ayudando a mantener la salud del grupo. Cooperación interespecífica.

Por lo tanto, como conclusión a este análisis más profundo, vemos que existe un ORDEN que surge de las relaciones cooperativas y que lleva al equilibrio al ecosistema. Sin este orden el equilibrio desaparece. ¿Y quién es el único especialista en romperlo? El ser humano cuando, por una mala interpretación de la mente, actúa desde la lucha.

En definitiva, la vida tiene un Orden y éste no se alcanza peleando sino cooperando. Por este motivo, la idea de competencia a toda costa, todavía vigente, crea tantos problemas a nivel personal y empresarial.

En especial porque nos llevó a que el capitalismo surgido desde los años 80, personalizado en las figuras de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, se haya radicalizado aún más por este concepto de lucha. Hasta ese momento, las empresas crecían bajo un sistema capitalista competitivo pero en el que, a través del estado del bienestar, se cuidaba a sus trabajadores garantizándoles unos ingresos y una posición económica suficientes para poder comprar los productos y servicios que su empresa u otras empresas ofrecían en el mercado (podríamos hablar de una colaboración que permitía que el sistema funcionase).

Sin embargo, llegó el Neoliberalismo y acuñó más fuerte que nunca este término de la ley del más fuerte. Siendo la causa de un gran desorden social y provocando que durante los años 90 y a partir del 2000 surgiera una crisis del sistema como consecuencia de que muchas empresas recortaron las prestaciones de sus propios trabajadores, para ser más rentables, surgiendo así una sensación de escasez generadora de más y más lucha por la supervivencia, y que nos llevó a un clima de miedo y descontento social.

En la actualidad, en 2018, nos encontramos ante dos realidades sociales:

Empresas que siguen con viejos patrones y que cada vez aprietan más a sus trabajadores, que buscan una producción a muy bajo coste y que no les importa ni el medio ambiente ni la salud social. Estas empresas generan una sociedad muy pobre tanto a nivel económico como de valores, y dan lugar a una economía no sostenible porque agotan los recursos del ecosistema.

Empresas que se han dado cuenta de que para crecer y ser sostenibles detrás tiene que haber una sociedad con poder adquisitivo para demandar sus productos y servicios. Que a mayores, han sido capaces de ver que para que la empresa funcione los empleados han de desarrollar todo su talento y creatividad potenciando su crecimiento personal. Persona con valores que, cada vez más, demandan productos saludables con conciencia y que están dispuestos a pagar por ellos. Véase el caso de los productos de origen ecológico cuya demanda sube año tras año. Empresas que se nutren de recursos pero que al mismo tiempo los generan.

Un informe realizado por Adecco a principios de 2016, sobre Responsabilidad Social Corporativa (RSC), nos muestra que este último es el camino a seguir por las empresas, afirma que el 63% de los consumidores españoles está dispuesto a penalizar a las empresas no responsables socialmente y el 50% dejaría de adquirir sus productos. Además un 13% estaría dispuesto a manifestar una mala opinión en la red.

Para el emprendedor o empresario que quiera posicionar bien sus productos y/o servicios tiene que, en primer lugar, tomar la decisión de qué tipo de sociedad quiere ayudar a construir y en qué lugar del mercado se va a posicionar. En un mercado donde los consumidores tienen cada vez menos poder adquisitivo y, debido a ello, priman claramente precio por encima de calidad; o en un mercado donde el precio puede ser importante pero el valor, la calidad y la conciencia también lo es.

En la primera posición, se ubica a día de hoy una parte importante de la población occidental que digamos, a nivel inconsciente, sobrevive. Su día a día se desarrolla entre conceptos de escasez y lucha permanente, sinónimos de situación precaria.

En la segunda posición, nos encontramos personas que crecen personal y profesionalmente, y que han desarrollado una conciencia hacia lo que consumen. Construyen un estilo de vida más equilibrado y simpatizan con productos y servicios con valores. Es un mercado más fiel, comprometido y también con mayor poder adquisitivo y que está en claro crecimiento. Su día a día se desarrolla entre conceptos de agradecimiento y cooperación permanente.

Como hemos podido ver, el nuevo paradigma empresarial se ha polarizado en dos sociedades que entienden de manera muy diferente cómo vivir. Una lucha porque cree que los recursos son escasos y sufre enormemente por ello (pensamiento Darwiniano que genera crisis). La otra ha empezado a entender que el orden de la vida es el desarrollo basado en un sistema cooperativo que permite distribuir los recursos y así, a su vez, generar más recursos. Este es el camino para construir una sociedad equilibrada a nivel humano y ambiental porque es así como la naturaleza se expresa.

Con esta nueva y emergente realidad, queda claro el presente y el futuro de la empresa. Reforzar su Identidad con valores sociales a través de dinámicas cooperativas y colaborativas que generen productos y servicios de mayor conciencia. Y así adquirir visibilidad y confianza que es el motor principal de crecimiento y abundancia para toda organización que se precie a día de hoy.

Javier Rocha
Coach para la Identidad, Liderazgo Personal y Empresarial
Médico Veterinario especializado en Medicina Holística

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