¿Son nuestras Emociones culpa de los demás?

¿Son nuestras Emociones culpa de los demás?

30 octubre, 2016 / Gestión de Emociones

La inspiración para este artículo surgió de la pregunta de una de mis clientes….

“¿Son nuestras emociones culpa de los demás? Es que me resulta difícil entender que la culpa de nuestras emociones no la tienen otras personas. Aunque nosotros somos los que nos enfadamos ¿nuestro enfado no es consecuencia de la conducta de ellos? Cuando me enfado con mis hijos es porque ellos me hacen ponerme así o, al menos, así lo entiendo yo”. Esta era la reflexión a la que llegaba mi clienta en consulta mientras trabajábamos la gestión de las emociones, una clara exposición de cómo se movía ella en este mundo habitualmente.

La respuesta a su pregunta es no, nuestras emociones no son culpa de los demás. Es difícil comprenderlo porque vivimos en una reacción permanente a nuestro entorno a través de nuestras emociones. Esto hace que perdamos la claridad del origen de las mismas y las empecemos a atribuir a acontecimientos externos. Si alguien hace algo bueno me siento bien y si alguien hace algo malo me siento mal.

 

En realidad, no somos conscientes de que nos saltamos un paso. Entre esa circunstancia externa que nos afecta y la entrada de la emoción tenemos unos pensamientos que son los que sí van a determinar nuestras emociones. Para comprenderlo es necesario que seamos conscientes de la siguiente secuencia, y que nos fijemos en su orden cronológico:

Pensamiento, emoción, comportamiento y resultado.

Cuando nos enfadamos, por ejemplo, con nuestros hijos es porque rápidamente, a través de nuestros pensamientos, ponemos una etiqueta a su comportamiento como inaceptable, y es en respuesta a pensamientos como los que a continuación detallamos que surge la emoción del enfado: “Cómo se atreve a hablar así, será posible”, “menudo maleducado está hecho”, “no voy a permitir que me hable de esta manera”…. Si a raíz de su comportamiento hubiéramos tenido pensamientos del tipo: “Vaya, ha debido tener un mal día, hablaré con él a ver qué ha pasado”, “está cansado, con los exámenes apenas duerme…”, “con todo lo que tiene encima, en estos momentos no lo puede hacer mejor…”, la emoción resultante hubiese sido una emoción de empatía, de comprensión, de querer ayudarlo; y no de enfado.

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p align=”justify”>Entonces, como acabamos de ver, los pensamientos son los que generan nuestras emociones y no el comportamiento de los niños. Esto aplica a cualquier relación que tengamos, ya sea nuestra pareja, amigos, padres, jefes,…

Según qué etiqueta pongamos a los acontecimientos externos generaremos nuestras emociones. ¡Nosotros con nuestros pensamientos, no los demás!

Tenemos que ser capaces de interiorizar esto y de identificar en que camino nos encontramos, si en el de la víctima o en el del Aprendiz, las dos únicas formas de responder ante la vida, pues las emociones se gestionan de manera diferente según en qué camino estamos. También es fundamental deshacer las resistencias de nuestro ego o yo falso que no quiere que cambiemos nuestra forma de pensar y de actuar porque sino él desaparecería.

Desde Ralaya, a través del Coaching para la Identidad y el Posicionamiento Personal, trabajamos en profundidad la gestión de las emociones y la impecabilidad en las palabras y en los pensamientos, conectar con el camino del aprendiz, así como el desmantelamiento de todas las excusas que el ego nos pone por delante para seguir como hasta ahora.

 

La base de nuestro trabajo en este tema la resume a la perfección la siguiente frase del filósofo griego Epícteto de Frigia:

No son las cosas que nos suceden las que nos hacen sufrir o nos crean problemas, sino lo que decimos o pensamos de ellas

Le estamos dando nuestro poder a los demás al pensar que ellos nos hacen felices o infelices según qué emociones nos generen. Tenemos que recuperar nuestro poder para evitar que cualquier persona pueda hacernos daño con sus actos. Cuando somos conscientes de que lo determinante son los pensamientos que tenemos, recuperamos ese poder de inmediato porque da igual lo que los demás digan o hagan, lo único importante es lo que nosotros pensemos o digamos al respecto.

Tenemos que dejar de reaccionar de manera automática y parar, ver y responder con tranquilidad a las circunstancias, convirtiéndonos en el observador silencioso de nuestros pensamientos y emociones; y observando la vida a través de una percepción consciente de la misma, sin juzgarla ni querer cambiarla, asumiendo que la única persona que tiene el poder para que estemos bien somos nosotros mismos. ¡Nosotros somos los que elegimos ser felices o no!

Chelo Pastoriza
Coach y Economista experta en desarrollo personal y de equipos

 

Para más información sobre gestión de emociones leer los artículos de nuestro blog:

“El arte de entrenar nuestra mente” “Dolor vs Sufrimiento” “El estrés y su origen”  

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